Los puentes peatonales en Lima

Lima es una ciudad a la cual nos hemos acostumbrado a verla adornada de puentes y son tantos que driría yo, incontables.
Sobre todo en la panamericana norte, donde hay uno cada 300 metros, o en algunos casos hasta menos.
Eso está bien, nadie lo niega, y es que estos han sido construidos con la finalidad de que los peatones cruzen la pista de una manera menos arriesgada y así evitar tantos accidentes de tránsito que hay en la ciudad. Por no decir disminuir la vergonzosa taza de mortalidad con la que nos encontramos cada año.
A pesar de todo ello y la brillante labor que cumple el alcalde llenando de cemento toda la ciudad, es inevitable seguir viendo como algunos sujetos osados cruzan la pista sin hacer uso de los puentes teniéndolos a tan sólo pocos metros.
Mejor sería hacerles recordad el refrán: "Más vale perder un minuto en la vida que la vida en un minuto".

Con respecto a los que sí acatamos las órdenes y diariamente nos disponemos a cruzar un puente para llegar a nuestro centro de trabajo o estudios. Es curioso lo que voy a decir a continuación pero fácil a muchos les pasa.
Ha sucedido que le he agarrado cierto cariño a Mi puente (osea, al que yo cruzo diariamente) y últimamente me pasa que cuando estoy subiedo las escaleras no puedo soportar el ver envolturas de comida o cualquier otro objeto tirados en él.
Es un sentimiento de indignación único porque esto demuestra que hay aún muchas personas que no tiene cultura, ni con su puente.
Fácil lo tomarán como muy exagerado si digo que me siento apenada cuando ensucian Mi puente, pero en fin, eso es lo que sucede.

Hace unos días me quedé dormida en el bus y me bajé un puente después del cual yo suelo bajar. Y bueno para ahorrar tiempo subí por aquel otro puente.
Resulta que este me pareció muy extraño, más angosto, más alto, con los escalones muy delgados. Yo me iba a caer de ahí o este se iba a desarmar, pero no era lo mismo.
A través de quí le hago un pedido a todos aquellos quienes diariamente tienen que subir a un puente.

No lo hagan sólo porque es parte de la rutina. Gusten de subir Su puente, no tiren objetos en él y disfruten su recorrido ahí.
Recuerda que los puentes no son simples adornos de la ciudad.

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Déjame entrar

Que me quedo en tus cosas, déjame entrar
Dame un lugar en tu mundo
Y yo sigo esperando sueño y locura
Demasiadas mentiras oscuras
Y parezco tan tonta, sólo quiero ayudarte
Tengo miedo que cruces la línea sin amor
Sin tus pequeñas cosas
Sin tu mundo real
El que existe aunque no quieras mirar

Sin amor, en un mundo de hechizos
Donde sigues al miedo
Donde caes y caes y pierdes el cielo
Todo depende de ti.

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No todo lo que digo es lo que pienso

Estaba sentada en una banca de la universidad, había llegado tarde a una clase y entonces decidí esperar la segunda hora afuera, sola, pensando y pensando, mirando a la gente pasando.
De vez en cuando pasaban amigos, los cuales se me acercaban un rato y después se iban, y ahí seguía yo, sola, pensando y pensando.
Me di cuenta de que muchas personas habían cambiado, no me refiero físicamente, sino en l amanera de pensar.
Amigos que ya no eran amigos, enamorados que ya no lo eran, conocidos que ya ni se saludaban. Y ahí seguía yo, hablando con cada uno de ellos, con algunos como siempre, y a otros siguiéndoles la cuerda, sin darme cuenta que les decía cosas que no quería, o que tal vez sabía que querían escuchar.
Muchas veces no es bueno saberlo todo. Y tampoco decirlo todo.
Si yo dijera todo lo que pienso, tal vez me mirarían negativamente, claro, sólo a quienes les dolieran mis palabras.
Y si yo supiera todo, fácil sentiría cierta incomodidad.
No creo que se llame hipocresía. Simplemente es un poco de diplomacia, el de pensar antes de hablar sin herir susceptibilidades.

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El mundo da vueltas

No siempre recibes todo lo que das, y es por eso que siempre nos aleccionan con lo mismo: da siempre sin esperar nada a cambio (para que no duela seguro). Pero no es así, y no es así porque en realidad igual duele. Duele ser tan bueno a veces y a cambio recibes una patada (sin que suene fuerte). Y lo peor, de la persona que menos imaginas.
Yo vivo en un lugar donde nadie hace daño, nadie se molesta y nadie grita (gritos no, eso me molesta demasiado). Y aunque a veces yo lo hago, ese es el momento en que no me tolero.
Regresando a lo anterior, pensaba que si daba lo mejor de mí, tal vez así nunca sufriría, pero la realidad es otra. Nació en mí, un ser temeroso, temerosa en el sentido de no querer ser lastimada por seres queridos, personas a quienes les deseo lo mejor.
Haré una confesión: A mí antes no me importaba nada ni nadie. Mi mundo era más chiquito de lo que es ahora, y no cabía nadie más que yo, yo y yo. Me reía de todo y de todos (todo el tiempo). Pero luego, pasan los años y me doy cuenta que la vida es más compleja de lo que creía. Las otras personas que me rodean también tienen vida, problemas, emociones, etc. Entonces empecé a interesarme más en los otros.
Ahora todo es totalmente distinto, pero siempre hay que pagarla de alguna u otra manera. La verdad no lo sé, la vida en verdad es muy compleja.
¿El mundo da vueltas?...sí lo creo.

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Depués de todo

Culminó un ciclo más de estudios y decidí seguir posteando en el blog. Esto es muy bueno en verdad.
Considero haber pasado todo este ciclo bajo presión, con todos los cursos trabajando en equipo, claro, no es fácil trabajar en equipo, pues muchas personas no saben hacerlo y no sé si también deba incluirme.
Sentí a veces que trabajaba demasiado y otros se llevaban la nota (nunca antes había tenido amanecidas, Bienvenida a la universidad!)
Sí claro aprendí, aprendí un montón. Es más, ya me puedo desenvolver fácilmente en varios programas y etc.
¿Pero la amistad? Es el primer ciclo donde verdaderamente peleo con algunos de mis compañeros o compañeras, mejor dicho. Cada vez que me decían algo en ciclos anteriores, yo callaba y no hacía caso a palabras necias, aparte que entendía que era el estrés de los trabajos. Pero este fue el boom, yo trabajé demasiado y tenía que reclamar por el conformismo y la mediocridad (no lo puedo borrar de mi mente, lo siento), me volví una fiera y reclamé lo justo, sin importarme ponerme pico a pico con alguna de mis compañeras. Y ahora, al final de todo, lo recuerdo con un toque de chispa.
El último día salimos todos riendo y felices, como si nada hubiera pasado. Esos gritos son normales en la época de tensión. Pero yo no lo sentí así, me quedó esa duda de que si siempre tendría que escuchar palabras hirientes de ellos sólo porque están tensionados.
Conversaba con un amigo de un ciclo mayor que yo y me dijo: tus amigos a un lado y únete con otros a la hora de hacer trabajos. Eso si no quieres salir lastimada.

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